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Nosotros

ĀRĀMA CREACIŌN es la unión de dos universos: el de Pablo y el de Jandro. Dos miradas distintas que, de forma casi misteriosa, encajan en el Teatro Presente como un amor verdadero. El amor al teatro, como estado continuo.

 

Nuestro objetivo es claro: provocar, mover algo por dentro, ya sea con un golpe directo o con un susurro inesperado.

Nos inspira lo simple y lo extraño, lo directo y lo inesperado, pero también las composiciones que rompen la lógica y que descolocan justo lo suficiente para despertar una reacción.

Nuestro trabajo nace de esa tensión entre lo reconocible y lo oculto.

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El movimiento es una de nuestras brújulas.

Pina Bausch, Hofesh Shechter y Rudolf Laban nos enseñan que el cuerpo puede hablar incluso cuando calla; que un gesto repetitivo puede ser más poderoso que una palabra; que lo extraño, lo torcido o lo insistente puede revelar verdades que normalmente evitamos mirar.

Ese lenguaje físico —provocador, crudo, inquieto— es parte del sello de Ārāma.

Inspiración
 

De Jerzy Grotowski, Eugenio Barba y Peter Brook nutrimos la necesidad, hoy más que nunca, de despojar al teatro de todo lo superfluo, dejando sólo lo esencial y verdadero. La actriz/actor expone su cuerpo, alma y su verdad interior al sacrificio del personaje porque la actuación es un proceso de autoconocimiento y trascendencia que requiere de una actitud, intención, atención, disciplina y juego casi ritual. 

 

Ahí, es necesaria la experiencia de no hacer, de los no artificios como decorados realistas o maquillajes. 

 

Ahí, también es necesario el ser humano como participante, no como espectador de una relación servil de entretener, de representarles la escena, sino como esa relación íntima, incluso física y móvil. 

 

Ahí, cada montaje, cada función se sigue investigando aquí y ahora. Por eso la importancia de la investigación como en sus Teatro Laboratorios y su Parateatros, donde la actriz/actor investiga su energía, presencia y técnica desde la antropología teatral. 

Defendemos un teatro esencial donde una actriz/actor, un participante y un espacio bastan. 

 

Todo el mundo presta atención a las cosas que ocupan el espacio, pero ¿quién presta atención al espacio mismo? Como el espacio no es «nada», podemos decir que lo que no está es más importante que lo que está. ¿Cómo sería tomar conciencia del espacio que te rodea ahora? No pienses en él. Más bien intenta sentirlo. Presta atención a «nada». Espacio y silencio son dos aspectos de lo mismo, de la misma nada. Son una manifestación del espacio y del silencio internos, que son la quietud del teatro: la matriz infinitamente creativa de la que emana todo. 

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"Todo el teatro es necesariamente político, porque políticas son otdas las actividades del ser humano y el teatro es una de ellas. Quienes intentan separarlo de la política (ahora más que nunca) tratan de inducirnos a un error; y esta es una actitud política. El teatro es un arma. Un arma muy útil y eficiente. Por eso, hay que pelear por él. Por eso, las clases dominantes intentan, en forma permanente y global, adueñarse del teatro y utilizarlo como instrumento de dominación. Al hacerlo, cambia el concepto mismo de lo que es «teatro» Pero este puede, igualmente, ser una arma de liberación. Para eso es necesario crear las formas teatrales correspondientes. Hay que cambiar"

AUGUSTO BOAL

Río de Janeiro, marzo de 2009. 

 

De Erwin Piscator, Bertolt Brecht y Augusto Boal nos nutrimos para impulsar una reacción al teatro comercial y de exclusivo entretenimiento. Porque el teatro nos ayuda a pensar críticamente sobre la realidad, no a evadirnos de ella. Para eso ya están el móvil y las plataformas de streaming. 

 

Verfremdungseffekt: romper la ilusión de realidad. El director, la actriz y el actor deben actuar con conciencia política y crítica, mostrando el comportamiento humano como lo que es, algo modificable, no como destino. El teatro es una herramienta de transformación humana y social para reflexionar y actuar sobre las injusticias del sistema y la posibilidad de cambiarlas. Es liberación y acción política. ​

La música también es una raíz esencial. La sensibilidad conceptual de Kendrick Lamar, la arquitectura electrónica de Flume y la intensidad emocional de las grandes orquestas nos guían hacia paisajes sonoros que luego traducimos en movimiento, gesto e imagen. Por ello, muchas de nuestras piezas nacen de un ritmo, un ruido o una melodía que nos obliga a imaginar.

Los videojuegos son expertos en construir espacios que condicionan cómo te mueves. Un pasillo estrecho te obliga a avanzar de una manera; un campo abierto te invita a respirar; un entorno opresivo cambia tu ritmo interno.

De juegos como Inside, Journey o Bloodborne aprendemos que el espacio puede ser un personaje más, que empujan al cuerpo a reaccionar otro personaje más, al escenario.

La repetición es una de las herramientas más importantes. No para generar patrón, sino para generar fallo. Nos interesa repetir un movimiento hasta que deja de ser movimiento y se convierte en expresión: cansancio, pérdida de control, colapso, error, logro. Creación. 

Esa imperfección, ese “glitch” humano, es profundamente expresiva. Es como si el cuerpo revelase su código interno, sus errores de sistema, su esencia. Lo genuino. 

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Provocar es una necesidad, no un efecto. Usamos el cuerpo para incomodar, insistir y abrir grietas en los seres humanos que nos acompañan y participan de nuestras creaciones.

 

La provocación es una forma de verdad física.

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